"Me formé en la RESAD y en Central de Cine, y he seguido explorando disciplinas como el circo porque entiendo la interpretación como un trabajo físico, técnico y en constante transformación.
Pero más allá de la formación, hay algo que atraviesa todo lo que hago: la experiencia. He vivido muchas vidas en una sola, y eso ha construido en mí un registro amplio, honesto y poco convencional. Suelo decir, medio en broma, que tengo 175 años vitales… y lo traslado a escena.
Desde 2019 llevo de gira con Sacudida, un proyecto especialmente significativo para mí. Después de cada función abrimos un coloquio, y no hace mucho una chica de 15 años me preguntó cómo era capaz de sostener algo así en escena, algo tan personal y doloroso. Le hablé de la técnica, de la importancia del oficio para no romperse al atravesar materiales duros, pero también de otra cosa: de la necesidad de poner el cuerpo y la verdad al servicio de algo que pueda llegar a otro.
Ahí es donde encuentro el sentido. En ese lugar donde alguien recoge lo que ocurre en escena, le da la vuelta, lo hace suyo o lo rechaza. Porque el arte, para bien o para mal, siempre mueve una pieza del puzle que vamos construyendo a diario.
Me interesa un trabajo actoral comprometido, con cuerpo, con riesgo y con escucha. Un trabajo donde lo vivido no se exhibe, pero sí enriquece."