He sido un culo inquieto desde pequeña. Mi madre se volvía loca porque quería apuntarme a todas las actividades que veía; pero, qué casualidad, todas estaban relacionadas con el ámbito artístico: del teatro a la danza, de la danza a la música…
Siempre he tenido muy claro que quería ser actriz. Me emocionaba llegar al teatro y sentir lo que los actores eran capaces de transmitir. Sabía que no podía ser de otra forma: yo quería provocar eso mismo en los demás, yo quería cambiar el mundo desde un escenario.
Entré en la Real Escuela Superior de Arte Dramático, donde he podido formarme como intérprete, y además estudié Comunicación Audiovisual, una parte de mí que me ha permitido entender el rodaje no solo desde la piel del actor, sino también desde la mirada de otros departamentos.
Aun sabiendo que los actores estamos algo locos ya que esta es una profesión complicadísima de sostener, ¡aquí seguimos! Porque, como decía Sarah Bernhardt:
“El arte es la expresión más intensa de la individualidad.”