El primer recuerdo consciente que tengo de estar en el teatro fue un ballet en el Teatro Real con
unos siete años. Mi madre me regaló las entradas por mi cumpleaños. Estábamos lejos, pero en aquel
momento no importaba. No pude despegar la mirada ni un solo segundo de aquellas bailarinas con sus
tutús, sobre las puntas, contando una historia a través de sus cuerpos… Hipnótico. Desde entonces
se convirtió en tradición. Me considero una privilegiada por haber nacido y crecido en Madrid y
haber podido tener la oportunidad de haber vivido estas experiencias de tan pequeña. Con los años,
mi padre, que es más cinéfilo, me empezó a instruir sobre los “verdaderos clásicos del cine”,
haciendo una parada obligatoria todos los fines de semana para ver una de esas obras maestras.
Quizá solo querían cultivar en mí la importancia de la cultura y el arte, pero terminaron criando a
una actriz… Este último año he tenido la oportunidad de escribir y dirigir dos cortometrajes que me
han posicionado detrás de las cámaras, una experiencia que me ha enseñado muchas cosas pero
curiosamente mucho sobre interpretación. Llevo bailando y cantando desde que tengo uso de razón y a
día de hoy sigo adorando ambas disciplinas. Desde aquella butaca
lejana, nunca he querido estar en otro sitio que no fuera un escenario.
Idiomas: castellano/Español y Nivel alto Inglés.